Bangkok, a orillas del río Chao Phraya

Hoy seguiremos el curso del río Chao Phraya para visitar el Gran Palacio, el templo del Buda reclinado y Wat Arun, conocido como templo del amanecer.

Desde nuestro hotel nos dirigimos hasta el Sathorn Pier,  para tomar un barco que nos llevará hasta el Gran Palacio. Algunos hoteles tienen un servicio de transfer gratuito, consúltalo en el tuyo.

¡Atención al llegar al muelle!

La entrada confunde un poco, ya que de frente encuentras un letrero que dice «FERRY» y justo debajo, un mostrador de información.

La tendencia es ir para allá, pensando que es donde venden los tickets para el barco, pero ojo:

– Este mostrador es una agencia privada, que por unos 200 BTH te lleva en barco a recorrer los templos.

– Si prefieres llegar hasta los templos por tan sólo 14 BTH, entonces en lugar de seguir recto, gira a la izquierda y busca los barcos con bandera naranja. Tendrás que esperar al próximo barco, que suele llegar con cierta frecuencia, y viajar junto a turistas y locales hacia los templos.

Si llevas coche de niño, déjalo en la plataforma justo al entrar y pasa hacia los asientos. Luego al bajar del barco lo recoges. Lo mejor que hicimos en este viaje fue llevar una Maclaren vieja que dejábamos en cualquier lado sin preocuparnos de nada.

WAT PHRA KAEW (TEMPLO DEL BUDA ESMERALDA) Y EL GRAN PALACIO

Tanto el templo del Buda Esmeralda como el Gran Palacio son fascinantes, pero la aglomeración de turistas y los malos modales de algunos trabajadores pusieron un toque amargo a la visita. 

Como en la gran mayoría de los templos, tienes que cubrirte brazos y piernas para acceder al interior. Habíamos leído incluso que, en el Gran Palacio, te alquilaban prendas en caso de necesidad (en otros sitios son gratis, pero en caso de necesidad, bienvenido sea el alquiler).

Pues bien, olvídate de eso. Ahora la consigna es Buy, buy! mientras te señalan la tienda donde puedes comprar camisetas de manga larga. Por lo que ví, es parte del negocio así que mejor ir prevenido y llevar algo que tape hasta el último centímetro de piel, de lo contrario Buy, buy!

Sin entrar a discutir si mi vestimenta era o no adecuada, que lo fue para el resto de templos, lo que realmente me molestó fueron las formas, ¿dónde quedó la amabilidad tailandesa?

En general, nos quedó la impresión de que en el país de las sonrisas, la de aquellos que trabajan cara al turista comienza a apagarse.

Por lo demás, un templo fantástico que disfrutamos visitando, a pesar del horrible calor que hacía ese día.

WAT PHO o EL TEMPLO DEL BUDA RECLINADO

Llegar al Wat Pho fue una bocanada de aire fresco. Nada que ver con la experiencia en el Gran Palacio y el Buda Reclinado nos encantó.

Se llega caminando desde el Gran Palacio, la entrada cuesta 100 THB y te incluye una botella de agua. En el recinto hay además una escuela de masajes.

Un ambiente mucho más relajado que en el anterior, se podía pasear tranquilamente y disfrutamos de otra forma la visita.

Regresamos al embarcadero y esperamos por el barco que nos llevo hasta el Wat Arun.

WAT ARUN

El Wat Arun es un lugar fantástico, a orillas del Chao Praya y con unas vistas estupendas de la ciudad desde la estupa de 80 metros de alto.

Apenas tuvimos tiempo para visitarlo, llegamos ya algo tarde y un tremendo aguacero nos obligó a resguardarnos debajo de una carpa. El precio de entrada son tan sólo 50 bath.

Tomamos el barco para cruzar a la otra orilla del río y regresar al hotel. La aventura no había terminado y una tremenda tormenta nos ofreció una travesía diferente. 

Los laterales, que eran completamente abiertos, se cubrieron con unas lonas plásticas que evitaban parcialmente la lluvia, aunque muchos de los asientos se mojaron.

El cielo se volvió completamente negro, iluminado únicamente por los relámpagos ¡una auténtica experiencia!

Y así acabó nuestro recorrido por el Chao Praya visitando los templos. Nos ha quedado por ver, así que tendremos que regresar y lo haremos con gusto.

Es lo que tiene esto del slow travel, cuando alguien de 3 años se une al viaje hay que disfrutarlo de otra manera. Aunque ya no vemos tantas cosas como acostumbrábamos, ahora disfrutamos el triple.  

Chiang Mai nos espera… 

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